Seguir al miedo
Esta es la historia de Juan. No, no es el personaje genérico de apellido Pérez que encabeza todas las leyendas urbanas. Este Juan existe. Es mi amigo Juan, a quien respeto inmensamente y cuya decisión de vida me inspira a escribir este post en contestación al suyo.
Juan es un informático, parte autodidacto, parte instruido. Como yo. Así como yo, Juan también empezó a trabajar con las computadoras mucho antes que sean redondeadas, accesibles o de colores, algo que hizo con mucha pasión y gusto por la mayor parte de los últimos 14 años. Como yo, él también tenía lugar dentro de sí para otra pasión, la comunicación, ya sea corporal (en su caso) o escrita (en el mío).
Nosotros también coincidimos que era mejor (o más rentable) enfocarnos en nuestras pasiones más cercanas e inmediatas y así él trabajó en ingeniería y lenguajes de programación y yo me concentré en mover pixeles coloridos alrededor de una pantalla. Total, cuando el pecho apretara, nos engañaríamos una mañana de domingo escribiendo un post (en mi caso) o tomaríamos parte en un proyecto teatral a medio tiempo (en el suyo) a manera de seguir convenciéndonos que estábamos haciendo lo que realmente nos gusta.
Pero la vida no puede estar rellena solo de pasiones cercanas, inmediatas y rentables, simplemente porque se encuentran ahí, al paso y por ser nuestro elemento conocido en el cual nos sentimos seguros. Por eso un buen día Juan decidió saltar una enorme muralla de miedo y gritar que, aún cuando fueran rentables y gratificantes, esas otras pasiones nunca podrían desplazar la vocación que tenía adentro. Y así ese día Juan cambió los teclados por las tablas para vivir de su otra pasión, la lejana, la difícil, la poco rentable.
Juan tuvo un colega que no conoció. Un brillante actor/improvisador llamado Del Close, quien fuera considerado una de las principales influencias en la actuación/improvisación y para ejemplo solo basta mirar su lista de alumnos: Dan Aykroyd, Stephen Colbert, Tina Fey, Chris Farley, Bill Murray, Mike Myers, entre otros.
En un libro llamado “Guru” el autor Jeff Griggs relata pasajes y anécdotas de la vida de Close, y aunque me encantaría aburrirlos in extenso con pasajes del libro, me voy a concentrar en una sola frase de Close. Preguntado sobre como poder mejorar en la vida y en la actuación Close dijo algo corto y conciso:
Sigan al miedo.
Me gustaría que ahora mismo se pongan a pensar en todas aquellas cosas de la vida que nos asustaron cuando chicos y como aprendimos a conquistarlas. Todos tenemos un miedo en esta vida y nuestra capacidad de conquistarlo nos va devolver una gran premio: el poder crecer y ser más grandes que nuestros propios miedos. Así es como del miedo a ser el nuevo alumnito en la escuela, salió la habilidad de hacer nuevos amigos. La cuestión es que cuando somos chicos, no tenemos opción.
Caminamos a través de nuestros miedos porque estamos en escenarios donde retroceder no es una opción, y así es como crecemos para adelante, para arriba, para los costados y terminamos mirando por debajo del hombro al miedo que alguna vez nos controló.
De grandes sin embargo, encontramos maneras de convencernos que el miedo pertenece solo a los chicos, que nosotros no tenemos miedo, lo que tenemos en cambio es un chip super fantástico y racional que delimita lo que podemos, debemos o queremos hacer. Así nos pasamos evitando las cosas que tememos y por consiguiente, evitamos crecer.
La enseñanza de Del Close es que por el contrario, dejemos de hacer lo que sea que hagamos de 8am a 6pm y salgamos a perseguir el miedo por querer hacer las cosas que realmente queremos hacer, aquellas que te ocupan el tiempo de 6pm a 1am y los Domingos de mañana. Hagamos lo que nos incomoda, hagamos lo que más nos asuste. Solamente así, -decía Del a sus estudiantes- podremos descubrir nuevos mundos.
Es un recordatorio que nos viene bien a todos hoy en día. Sigamos, no, persigamos al miedo, porque solo así crecemos.


