Mientras calentaba mis pies, refregándolos por debajo de las sábanas, llegué hasta el blog de TEIXIDÓ. Una sensación conocida se acercaba a mí. La misma emoción que Agustín Núñez había provocado en mí, poniendo un actor sobre escena, cinco años atrás, había vuelto. Esa cosa que tienen las personas de calar profundo con su trabajo limpio y entregado, presionando la garganta con su dedo gordo.
— Juan Rolón, Proscenio